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El declive de la ciudad de Caracas

El declive de la ciudad de Caracas

Un retrato de Hugo Chávez y un grito de guerra bolivariano saludan a los visitantes del mirador de Boyacá, en las montañas al norte de Caracas. “¡Es nuestro deber encontrar mil maneras y más para dar a la gente la vida que necesitan!” Pero a medida que Venezuela se hunde, la promesa de Chávez suena cada vez más hueca. Los vándalos han salpicado de pintura la cara del comandante y debajo de él la capital de Venezuela se está muriendo.

“Un pueblo fantasma”, se lamenta Omar Lugo, director del portal de noticias El Estímulo, durante una gira nocturna de conducción por una metrópoli que en su día fue destruida por el colapso del país. “Me duele mucho ver a Caracas así.”

Lo que era una ciudad preciosa…

Hace una generación, la capital de Venezuela era una de las ciudades más prósperas y glamorosas de América Latina; una caldera de cultura llena de petróleo y árboles que las guías aclamaban como una meca para los amantes de la comida, los búhos nocturnos y los aficionados al arte.

Su metro de construcción francesa -como sus restaurantes, galerías y museos- era la envidia de la región. “Caracas era una ciudad tan vibrante…. Realmente se sentía, como solíamos decir por aquí, en el primer mundo”, dice Ana Teresa Torres, una autora caracquina cuyo último libro es un diario de la desaparición de su casa.

En 1998, como escenario de sus celebraciones electorales, Chávez eligió el balcón del Teresa Carreño, un espectacular centro cultural de estilo brutalista. Construido durante el boom petrolero de los años 70 y que recuerda al Queen Elizabeth Hall de Londres, ha acogido a estrellas como Dizzy Gillespie, George Benson, Ray Charles y Luciano Pavarotti, y ha sido la personificación de la nueva ambición del país. “Venezuela renace”, declaró Chávez.

Veinte años después de ese discurso optimista, un cataclismo económico que los expertos culpan a las mal concebidas políticas socialistas, la asombrosa corrupción y la caída de los precios del petróleo después de 2014 han dado a Caracas el aire de un barco que se hunde.

Los servicios públicos se están colapsando, los negocios están cerrando y los residentes están evacuando en autobuses o en uno de los cada vez más escasos vuelos que aún conectan su metrópolis caída con el resto del mundo.

“Es un sentimiento de frustración histórica”, suspira Lugo mientras se dirige por las calles sombrías contando los apartamentos donde las luces siguen encendidas. “Un país que hizo un milagro a la inversa, es imposible de creer.”

Apartamentos abandonados

La quiebra de Caracas no ha dejado a ninguna comunidad sin cicatrices, desde sus vastas chabolas de ladrillos rojos hasta las frondosas zonas de clase media y alta, como La Florida.

Luis Saavedra, un ex consultor de seguridad de la industria petrolera, dijo que su bloque de apartamentos de 13 pisos había perdido más de la mitad de sus residentes desde que Venezuela entró en una crisis económica y política después de que Nicolás Maduro tomó el poder tras la muerte de Chávez en 2013.